Crítica de Arte

En su estudio —una especie de apéndice del piso familiar al que se llega a través de un estrecho pasillo secreto—, situado en el call de Girona, Corominas despliega, sirviéndose de múltiples formatos, una aventura creativa que se suele asociar a un tipo específico de pintura de filiación expresionista abstracta pero que, en realidad, es solo una versión del litigio abierto que el artista mantiene con la forma y el color: las telas y los bastidores pueden minimizarse a favor de los cuerpos tridimensionales que proliferan en aparente anarquía volitiva, y estos, a su vez, pueden ser silenciados por las voces que emergen como un torrente incontrolable de los cientos de libros, cuadernos, libretas o papeles despistados.

 

Eudald Camps, fragmento del artículo «COROMINAS: essència de paper», 10 de octubre de 2011

Sus cuadros siguen siendo «un estallido de color y formas, provocado por una intensa necesidad de vivir y una profunda capacidad de crear», como escribió Jordi Falgàs en 1991, porque esta es una premisa incontestable de su ser y de su hacer.

 

Daniel Giralt-Miracle, fragmento del catálogo de la exposición en Galeria Presenta, Girona, 2009

La importancia de su tesoro de papel no puede ocultar la personalidad poliédrica de este hombre que sabe representar el mundo con los objetos que encuentra ni eclipsar sus aportaciones de la obra artística, que es una continuación natural de las obsesiones de su infancia. Liberado de obligaciones, apasionado, insaciable, libre y ligero como un niño o como un mago, Corominas sabe extraer de su chistera mágica todas las maravillas.

 

Antoni Puigverd, fragmento del catálogo «Tresors de paper», 2008

Corominas da libre rienda al color. Su Retaule d’estiu es de colores muy vivos. Imaginemos hallarnos inmersos en la naturaleza. A pesar de que en una primera impresión los colores se mezclan en una suerte de algarabía, viéndolo más detenidamente vemos que existe una clara voluntad de orden. Unos trazos negros levantan la construcción y ponen orden en el conjunto del cuadro, sin alterar la libertad con que se manifiestan el rojo, el amarillo, el verde, el azul y el blanco; conciliados la rauxa y el seny, el retablo nos atrevemos a verlo como una imagen del país del que el Cap de Creus es principio y fin.

 

J. Corredor Matheos, fragmento catálogo exposición itinerante «De Cap de Creus a Cabo Fisterra», 1998

Con ritmos de diferentes intensidades, el pintor ha ido dando forma a un lenguaje más complejo, cada día más potente y cada día más nuevo. Hoy su pintura no es de una lectura fácil si se quiere entender del todo, porque cada una de sus telas es un denso capítulo recortado de una gran historia…

 

Jordi Falgàs, fragmento del catálogo de la exposición de Galeria Àmbit Barcelona, 1990

En estos momentos todo es más pensado, construido, articulado. Corominas se impone una disciplina de sensibilidad y de oficio que nos permite descubrir la obra madura de un pintor que se complace en el ejercicio del trabajo pictórico, en sus infinitas posibilidades de investigación.

 

Daniel Giralt-Miracle, fragmento del catálogo «Corominas, pintures 1980-1989»

En algunos temas, la figuración sale como una idea originaria de composición, pero la fuerza de las pinceladas (gesto) y el color (forma) le hacen perder la primera intención. Podríamos decir que se sirve de ella sin quererla representar, pues no deja ninguna figura aparente y lo que queda como sugerencia se ve tapado o salpicado. Al deformar la idea inicial con un resultado condicionado al entretejido explosivo del color, la morfología del color y la energía que desprende son fundamentales, así como la referencia postmatissiana de dibujar en color. Corominas afirma que su pintura es el espejo de su vida y, en este sentido de vivencia íntima, de repliegue intuitivo y emocional, llegaríamos a una gran pieza como es Berlin Blue Night, donde los efectos emocionales de un «momento» se proyectan dentro de un juego figurativo que va de la figuración a la abstracción.

 

Glòria Bosch, fragmento del catálogo de la exposición en Galeria Dau al Set, 1983

La obra de Corominas es una locura constante; una inquietud que recorre todo el espacio plástico. Los colores, rotos, insolentes, que inician estructuras siempre inconclusas, dejan abiertos, aunque en ruinas, los interiores psíquicos que nos envuelven.

 

Arnau Puig, fragmento del artículo «Tres pintors gironins a Barcelona», Punt Diari, 1979